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En la década de los 70s, comenzaron los sistemas de publicación electrónica de alto nivel (Hi-End); estos consistían de un escáner de tambor conectado a una filmadora de película que producían selecciones de color de alta calidad gracias un esquema de calibración de color cerrado; es decir, el escáner era ajustado para producir un color fiel en la salida de película adjunta y en la mayoría de los casos hasta en una prensa en particular. Los flujos de color cerrados no permitían el intercambio de información entre diferentes sistemas. Estos eran producidos por compañías como Crosfield, Hell y Dainippon Screen, que contaban con personal altamente capacitado que instalaba y calibraba los equipos para producir resultados de alta calidad. Los operadores eran bien entrenados antes de utilizar los equipos y adquirían el respetable oficio de operador de escáner después de años de estar como ayudantes. Todo esto dejaba el trabajo de color en manos de profesionales.
En 1985 surgió el “Desktop Publishing” (DTP) con la introducción de la primera impresora láser con lenguaje PostScript, la Apple LaserWriter y el software Adobe PageMaker para formación electrónica sobre plataforma Macintosh. Tomo prácticamente una década, pero a mediados de los 90s el DTP remplazó por completo a los sistemas propietarios; el trabajo de formación paso a los diseñadores editoriales y la digitalización y separación de color quedo en manos de los hoy escasos burós de servicio. A partir del año 2000 la fotografía digital profesional ha ido tomando cada vez más fuerza al grado que hoy, los escáners de alto nivel casi han dejado de producirse, pues la necesidad de digitalizar película fotográfica tiende a la baja. Estos cambios repartieron la responsabilidad del color en muchas manos (diseñadores, fotógrafos y operadores de pre-prensa con poca preparación), además de que multiplicaron por miles el número de aparatos para reproducir color.
Hoy en día una revista puede tener imágenes digitalizadas en 10 escáners diferentes y que fueron ajustadas de color en 10 monitores diferentes, obviamente el resultado de color de todas las imágenes será diferente si no se tiene un sistema de administración de color abierto que permita sincronizar la interpretación de color de los 10 escáners y los 10 monitores que fueron utilizados. El viejo truco de “ajustar mi escáner a mi monitor y a mi impresora” es tratar de imitar el funcionamiento de los sistemas cerrados que como su nombre lo indica, no contemplan el intercambio de información con el exterior, por lo que nada me garantiza la correcta visualización e impresión de un archivo que llega de la calle.
Todo lo anterior explica por qué hoy es necesario utilizar un sistema de administración de color cuando en el pasado nunca ha sido requerido para obtener buenos resultados. Los cambios en el flujo de trabajo han obligado el uso de sistemas de control que antes no eran necesarios.
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